Sala VIII: Medieval Cristiano. De villa medieval a ciudad renacentista

Sala VIII: De villa medieval castellana a ciudad renacentista

Para acceder a la siguiente planta del Museo podemos utilizar la moderna escalera o, en caso de necesidad, uno de los dos ascensores que comunican todo el edificio verticalmente en esta nueva zona de ampliación.

Continuamos la visita en esta Sala VIII en la que se exponen una serie de piezas que nos hablan de la transformación que va sufriendo Antequera desde su condición de villa medieval de frontera a ciudad renacentista en expansión urbana y demográfica. La campaña organizada en 1410 por el Infante Don Fernando, regente de Castilla durante la minoría del rey Juan I1, para conquistar la villa musulmana de Madinat Antaqira le supuso un rotundo éxito militar y político y el definitivo espaldarazo para su elección como rey de Aragón en 1412. Es más, a partir de esta operación bélica pasaría a la historia como Fernando de Antequera o ‘el de Antequera’. Para el núcleo urbano en cuestión supuso, además, un total cambio poblacional y su conversión en una villa castellana de frontera, frente al emirato nazarí de Granada. A partir de la conquista de la ciudad de la Alhambra por los Reyes Católicos en 1492, Antequera, que ya había recibido el título de ciudad en 1443 por el rey Juan I1, entraría en una. nueva época, experimentando a lo largo del siglo XVI su transformación en una gran urbe renacentista que creció enormemente en población y en actividad económica. La fundación de la Real Colegiata, mediante bula del papa Julio II de 1503, trajo consigo la creación de su Cátedra de Gramática y el desarrollo de una importante actividad humanística que culminaría en la llamada Escuela Poética antequerana del Siglo de Oro español.

En esta sala se exponen una serie de piezas que se corresponden con el periodo histórico al que hemos hecho referencia. En primer lugar debemos detenemos en la llamada Casulla de Santa Eufemia, confeccionada con un tejido nazarí de comienzos del siglo XV al que al iniciarse el siglo XVI se le añade una ancha cenefa central
de estilo gótico, bordada en oro y sedas de diferentes colores, representando diversos santos de cuerpo entero, sin que ninguno de ellos se corresponda con la santa de Calcedonia.

El escudo pétreo de los Reyes Católicos, que fue en origen el dintel de una puerta con arco rebajado, es anterior a 1492 dada la ausencia de la ‘granada’ en su parte inferior.

A continuación se exponen, sobre pedestales,tres esculturas de madera policromada que representan a Santa Lucía, de finales del siglo xv, San Juan Bautista, de mediados del siglo XVI, y un busto-relicario de Santa Eufemia de finales del XVI.

Frente a estas esculturas, en una vitrina, podemos ver varias piezas cerámicas pertenecientes a elementos de vajilla doméstica (platos, escudillas, etc.), así como olambrillas procedentes de las desaparecidas casas del Corregidor y restos de pinturas parietales (epigrafías) de las también desaparecidas casas del Alcaide, todo ello del siglo XVI. Estas construcciones, de las que apenas quedan restos, estaban adosadas a la muralla norte de la Alcazaba. En el mismo expositor llama nuestra atención una tabla escrita del siglo XVII, que perteneció a la parroquia de San Salvador y en la que se narran las vicisitudes pasadas por el propio templo.

A la derecha, colgadas de la pared, son de admirar cuatro tablas pintadas al óleo de mediados del siglo XVI, que forman parte del desmontado retablo plateresco de San Juan Bautista de la iglesia de San Zoilo. En las dos centrales, que son de mayor formato, se representan la Anunciación y la Adoración de los Reyes Magos, mientras que en las verticales los temas son el Abrazo ante la Puerta Dorada y Santa Catalina Mártir, a la izquierda, y la Visitación y Santa Clara de Asís, a la derecha.

En el extremo de la sala, junto a la puerta de salida, se exponen una pila bautismal de barro vidriado, realizada en los alfares de Triana en el siglo XV, y una escultura en madera policromada del Crucificado, de tamaño académico y obra gótico-renacentista de comienzos del siglo XVI, que procede de la iglesia de San Juan de Dios. También se puede contemplar una colección de grabados de paisajes de Antequera de los siglos XVI al XVIII, entre los que destaca el realizado por Georg Hoefnagel en 1572 para la ‘Civitates Orbis Terrarum’, que es cabeza de serie de casi todos los demás.

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